Era el 8 de agosto de 2012. David Cal se alineó en la Calle número 7 para la final del C1 1000m en los Juegos Olímpicos de Londres. El agua estaba más tranquila de lo esperado. La relevancia del momento era innegable.
Su primera palada fue algo imprecisa. No obstante, con 999 metros por delante, había tiempo de sobra.
En la primera parte de la carrera, Cal quedó rezagado detrás del grupo de cabeza. En el corte de los 250 metros, aún se encontraba en sexto lugar. Un momento crítico en el que sería normal comenzar a tener dudas; después de todo, ya había ganado dos medallas en Atenas 2004 y otras dos en Pekín 2008. Cuatro medallas olímpicas son una hazaña que muy pocos son capaces de lograr, y quizás sus demás rivales tenían más hambre de gloria.
Pero Cal mantuvo la calma y no entró en pánico. Sus paladas se mantuvieron constantes; solo él era conocedor de su estrategia, y ésta estaba clara en su mente.
Conservó energía, esperando el momento adecuado. Al acercarse al tramo final, aceleró con potencia y precisión, cerrando la brecha con el alemán Sebastian Brendel.
Finalmente, Brendel mantuvo su liderazgo, pero el ataque final de Cal le aseguró la medalla de plata, un testimonio de su control emocional y atención inquebrantable.
Lo que hizo Cal aquél día no fue solo una demostración de habilidad técnica. Fue una clase magistral en gestión emocional. Supo mantener su mente en calma, confiar en su potencial y dejar que su esfuerzo hablara por sí mismo. Su control emocional convirtió una carrera agónica para los que estuvimos presenciándola en otro triunfo de una carrera deportiva legendaria.
La gestión emocional es un aspecto crucial del entrenamiento mental de los Super-Campeones. En el deporte de alto rendimiento, donde las demandas físicas y mentales son intensas, nuestra capacidad para regular las emociones puede tener un impacto significativo en los resultados. Gestionar nuestras emociones nos ayuda a mantener la atención, la resiliencia y la compostura en momento de mucha presión, transformando sentimientos potencialmente negativos en fuentes de motivación y energía.
Este capítulo explora por qué la gestión emocional es vital en entornos de alto nivel y detalla estrategias fundamentales para desarrollar esta habilidad.
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