El entrenamiento (I)

Cada sesión de entrenamiento ha de tener un propósito. Un objetivo específico.

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¿Fruncir o sonreír? He ahí la cuestión

Desde hace algún tiempo, tengo la “extraña” afición de observar, ya sea en vivo o por televisión, las conductas y sobre todo las caras de los deportistas que se disponen a competir o que se encuentran en una situación deportiva comprometida (penaltis, 100m lisos, gimnasia, etc ).

Me resulta divertido intentar encontrar una hipotética relación entre las caras que observo y su rendimiento. No lo hago siguiendo ningún objetivo empírico. Simplemente es algo que me llama la atención y disfruto haciéndolo.

En numerosas ocasiones he podido observar que en los segundos antes de la salida algunos deportistas fruncen el ceño, con cara de pocos amigos, mientras otros muestran una sonrisa, y siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué lo hacen? ¿Lo hacen por instinto o es deliberado?

Sabemos que generalmente, según estudios en este campo, el hecho de fruncir el ceño mejora la vigilancia del sistema 2* y reduce el exceso de confianza y la dependencia de la intuición. A su vez, ese simple gesto hace que pongamos más empeño en la tarea que vamos a realizar y experimentamos un mayor enfoque cognitivo. En cambio, sonreír nos hace sentir mejor y más tranquilos. Pero, a la hora de buscar un rendimiento óptimo ¿es eso lo que queremos?

Quizás en pruebas de larga duración podría ser conveniente provocar situaciones que nos ayuden a tranquilizarnos y a gestionar mejor la fatiga, el dolor o los pensamientos negativos, mientras que para deportes de menor duración y en las que se requieran ejecuciones limpias y certeras, es probable que sea mejor agudizar la atención por muy alto que sea su coste cognitivo (esfuerzo mental).

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*Según algunos psicólogos, entre ellos Daniel Kahneman, existen dos sistemas de pensar: el Sistema 1 es rápido, instintivo y emocional. El Sistema 2 es lento, más deliberativo y más lógico.

Disciplina

La disciplina se trabaja día a día. Sin prisa, creando hábitos y conductas que propicien que, a la larga, podamos alcanzar aquello que nos proponemos. La constancia es una virtud y no debemos apresurarnos.

El filósofo griego Epicteto (que nació esclavo y obtuvo su libertad) decía que debemos superar un largo invierno de entrenamientos y no precipitarnos para las cosas que no estamos preparados.

Disciplina, constancia, paciencia y preparación. Continúa con tu propósito y no desistas.