Dureza mental

Numerosos investigadores en psicología del deporte indican que la resiliencia y la dureza mental son factores imprescindibles para que un deportista alcance el éxito deportivo.

Dave Collins, académico con más de 130 publicaciones científicas y que ha trabajado con más de 60 medallistas mundiales y olímpicos, afirma en un estudio teórico realizado en colaboración con Á. MacNamara que existen numerosas evidencias de que las experiencias de adversidad son más comunes en aquellos deportistas que han alcanzado la cima deportiva debido a haber desarrollado una mayor dureza mental y resiliencia.

Por ejemplo, los investigadores Sarkar, Fletcher y Brown de las universidades de Gloucerstershire y Loughbourough (Reino Unido) realizaron entrevistas semi-estructuradas a 10 campeones olímpicos de diferentes modalidades deportivas y observaron como estos “super-campeones” veían que las adversidades que habían sufrido durante su vida fueron esenciales para ganar esa medalla de oro olímpica. Éstas adversidades estaban relacionadas con el deporte en algunos casos (lesiones graves, quedarse fuera de la selección o grandes derrotas) o relacionadas con su vida (fallecimiento de un ser querido o asuntos de índole político).

Estos campeones olímpicos describieron esas experiencias de adversidad como parte de su desarrollo psicológico y del rendimiento obtenido y en base a eso los investigadores concluyeron que las experiencias relacionadas con la adversidad resultaban de vital importancia en el desarrollo psicológico y de rendimiento de los campeones olímpicos.

Quizás cuando nos encontremos en la encrucijada de optar por un camino de rosas o un camino más escarpado, en contra de lo que dicte nuestro instinto, deberíamos escoger la vía más difícil.

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Si alguno estuviese interesado en este tema, aquí os dejo algunos artículos de referencia:

Collins, D., & MacNamara, Á. (2012). The rocky road to the top. Sports medicine, 42(11), 907-914.

Sarkar, M., Fletcher, D., & Brown, D. J. (2014). What doesn’t kill me…: Adversity-related experiences are vital in the development of superior Olympic performance. Journal of Science and Medicine in Sport.

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¿Fruncir o sonreír? He ahí la cuestión

Desde hace algún tiempo, tengo la “extraña” afición de observar, ya sea en vivo o por televisión, las conductas y sobre todo las caras de los deportistas que se disponen a competir o que se encuentran en una situación deportiva comprometida (penaltis, 100m lisos, gimnasia, etc ).

Me resulta divertido intentar encontrar una hipotética relación entre las caras que observo y su rendimiento. No lo hago siguiendo ningún objetivo empírico. Simplemente es algo que me llama la atención y disfruto haciéndolo.

En numerosas ocasiones he podido observar que en los segundos antes de la salida algunos deportistas fruncen el ceño, con cara de pocos amigos, mientras otros muestran una sonrisa, y siempre me pregunto lo mismo: ¿por qué lo hacen? ¿Lo hacen por instinto o es deliberado?

Sabemos que generalmente, según estudios en este campo, el hecho de fruncir el ceño mejora la vigilancia del sistema 2* y reduce el exceso de confianza y la dependencia de la intuición. A su vez, ese simple gesto hace que pongamos más empeño en la tarea que vamos a realizar y experimentamos un mayor enfoque cognitivo. En cambio, sonreír nos hace sentir mejor y más tranquilos. Pero, a la hora de buscar un rendimiento óptimo ¿es eso lo que queremos?

Quizás en pruebas de larga duración podría ser conveniente provocar situaciones que nos ayuden a tranquilizarnos y a gestionar mejor la fatiga, el dolor o los pensamientos negativos, mientras que para deportes de menor duración y en las que se requieran ejecuciones limpias y certeras, es probable que sea mejor agudizar la atención por muy alto que sea su coste cognitivo (esfuerzo mental).

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*Según algunos psicólogos, entre ellos Daniel Kahneman, existen dos sistemas de pensar: el Sistema 1 es rápido, instintivo y emocional. El Sistema 2 es lento, más deliberativo y más lógico.

Salir a flote

A menudo se habla del estrés post-traumático que aparece en las personas que han acontecido algún suceso difícil en sus vidas, pero pocas veces oímos hablar del crecimiento post-traumático. Es decir, del hecho de que uno salga fortalecido tras haber vivido una situación adversa.

Algunos hablan de la resiliencia como uno de los factores clave para alcanzar ese crecimiento.

En términos generales, la resiliencia es la capacidad de una sustancia o de un objeto de volver a su estado normal tras un estiramiento, doblamiento o compresión. En las personas en cambio, puede entenderse como un rasgo de la personalidad o como un proceso en el cual se dan adapaticiones positivas frente a la presencia de la adversidad o el riesgo.

Según los investigadores Lepore y Revenson la resiliencia consta de 3 dimensiones: la resistencia, la recuperación y la reconfiguración:

  • La resistencia se refiere al hecho de mantenerse intacto ante la adversidad.
  • La recuperación hace referencia al hecho de verse afectado por la adversidad pero que paulatinamente se logre volver a una situación de normalidad.
  • La reconfiguración trata acerca de verse, no sólo afectado ante la adversidad y lograr volver a la normalidad, sino que además dota al individuo de una nueva visión del mundo, mejor o peor de la que tenía antes.

Una de las claves para que se dé ese crecimiento post-traumático está en intentar alcanzar ese estado de reconfiguración en la que uno salga a flote viéndose más fuerte y con más confianza que la que tenía antes de vivir ese acontecimiento negativo.

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Si alguien estuviese interesado en este tema, aquí os dejo algunas referencias:

Lepore, S.J., & Revenson, T.A. (2006). Resilience and posttraumatic growth: Recovery, resistance, and reconfiguration. In L.G. Calhoun & R.G. Tedeschi (Eds.), Handbook of posttraumatic growth: Research and practice (pp. 24–46). Mahwah, NJ: Lawrence Erlbaum Associates.

Luthar, S.S., & Cicchetti, D. (2000). The construct of resilience: Implications for interventions and social policies. Development and Psychopathology, 12, 857–885.

Jones, G., Hanton, S., & Connaughton, D. (2007). A framework of mental toughness in the world’s best performers. Sport Psychologist, 21(2), 243.

Rees, T., & Hardy, L. (2000). An investigation of the social support experiences of high-level sport performers. The Sport Psychologist, 14, 327–347.

Strumpfer, D.J.W. (1999). Psychosocial resilience in adults. Studia Psychologica, 41, 89–104.

MacNamara, Á., Button, A., & Collins, D. (2010). The role of psychological characteristics in facilitating the pathway to elite performance. Part 2: Examining environmental and stage-related differences in skills and behaviors. The Sport Psychologist, 24(1), 74-96.