Repetición 

Pat-Morita_(Karate_Kid)

Antes de una competición, una entrevista de trabajo, o cualquier evento de importancia, uno debe simplificar y automatizar al máximo su rutina y olvidarse de incorporar cientos de elementos que puedan generar incertidumbre. Lo simple es bello y es predecible. Las rutinas nos dan seguridad, y esto es fundamental a la hora de mostrar nuestra mejor versión en un momento crucial.

Algunos de los que crecimos durante los 80 y los 90 vivimos con total intensidad la fiebre de Karate Kid nos acordamos perfectamente la frase “dar cera, pulir cera” que el Señor Miyagi le decía a Daniel-san. El fundamento era el mismo: la repetición de un movimiento hasta la automatización.

Todavía recuerdo aquel póster que colgué en mi habitación con la épica pelea entre Bruce Lee y Chuck Norris que venía con la revista Dojo. Pues bien, el gran Bruce, además de repartir leñazos a diestro y siniestro, tenía frases como ésta:

Yo no temo al hombre que ha lanzado 10.000 patadas diferentes. Temo al hombre que ha lanzado una patada 10.000 veces.

Escribe tu estrategia, simplifícala y repítela hasta que ya no tengas ni que pensar.

 

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Hábitos de vida moderna

Según un estudio publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet sobre la obesidad y el sobrepeso en niños y adultos, el 23.8% de los niños y el 22.6% de las niñas de los países desarrollados tienen sobrepeso o son obesos.

Las razones son varias pero, según algunos investigadores, las más importantes son una mala dieta y la falta de actividad física.

Si analizamos de donde venimos y donde estamos, nos damos cuenta de que la actividad física ya no resulta necesaria para nuestra subsistencia y que la relación entre lo que comemos y lo que nos costaba obtener ese alimento se ha distorsionado tanto que nos ha alejado completamente de lo que sería un contexto natural para nuestra especie. Nuestra evolución genética no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse a los increíbles cambios culturales que hemos tenido durante nuestra reciente historia -¿qué son 10.000 años para una especie de más de 2.5 millones de años?- y este desequilibrio nos ha llevado a un escenario en el cual aparecen la obesidad, los problemas coronarios y los desajustes relacionados con la insulinoresistencia, por nombrar algunos.

Es decir, que cuando se originó nuestro genoma mediante los mecanismos darwinianos (evolución por selección natural), la demanda de actividad física diaria era muy alta y nuestra fisiología y nuestra bioquímica se diseñó para funcionar de manera óptima en esas condiciones. En cambio, debido al estilo de vida sedentario actual, el cual no tiene precedente alguno en nuestra historia, cada vez nos encontramos con más problemas de salud los cuales se podrían curar -o al menos mejorar- con una dieta y un estilo de vida más acorde con lo que somos: hombres y mujeres de la Edad de Piedra que nos movemos en coche, pasamos horas sentados frente al ordenador y comemos alimentos que sobrepasan nuestros requerimientos calóricos del día.

Personalmente, lo que más me preocupa son los niños y la cultura que están heredando de nosotros. No parecemos ser conscientes de la necesidad que los niños y los jóvenes tienen de realizar ejercicios  de fuerza, aeróbicos, anaeróbicos y otras actividades vigorosas para su  adecuado desarrollo físico y psicológico.

Es increíble observar, tal y como ocurre con muchos otros aspectos de la vida moderna -o post-moderna según la queramos llamas-, como nos hemos alejado tanto de aquello que es natural para nuestra especie y que podría dotar a nuestros niños de una vida más saludable y enriquecedora de experiencias.

Según postulan algunos antropólogos, los niños del paleolítico, con los cuales nuestros niños comparten prácticamente el mismo genotipo, copiaban todo aquello que hacían los mayores: jugar a ser cazadores, caminar para recolectar, correr y esprintar tras un animal imaginario, saltar desde un árbol, levantar y lanzar piedras, construir cabañas, abrir nueces, peleas amistosas, jugar con barro, etc.

De hecho, no hace tanto que se jugaba de esa forma.

Seguir o volver

A menudo, nuestros objetivos son tan esquivos como el horizonte cuando nos encontramos en la mar. Cada vez que nos acercamos, parece alejarse.

A veces, por miedo a no llegar a él, nos damos media vuelta y volvemos a tierra firme. Desde ahí volvemos a divisar de nuevo nuestras metas. A lo lejos.

 Pensamos y reflexionamos acerca de las opciones que tenemos de llegar a él y nos damos cuenta de que no podemos plantearnos ser objetivos.

Si lo hiciéramos, ni se nos ocurriría volver a intentarlo.

 Los hay que deciden intentarlo una vez más, pero, a medio camino deciden volver. Y los hay que deciden tirar hacia delante a sabiendas de cuales pueden ser las consecuencias. Como decía el escritor checo Frank Kafka, a partir de cierto punto en adelante no hay regreso. Es el punto que hay que alcanzar.

 

Fallar para mejorar.

dick-fosbury

Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de medicina en 1906, decía  que lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo. 

Cuando justificamos un error, significa que no estamos aceptando nuestra responsabilidad acerca de lo ocurrido, y por lo tanto, no estamos predispuestos para aprender de dicho error.

Si cometemos un error, siempre que sea pequeño y reversible (obviamente no es lo mismo saltar al agua desde 3m y caer de pecho que caer de igual manera desde 35m), deberíamos reflexionar y extraer conclusiones objetivas para que la próxima vez no volvamos a fallar.  Y si volvemos a fallar, probablemente nos encontremos más cerca de la solución. Ese es el proceso de ensayo-error. Probar, fallar, mejorar.

Cada error que cometemos nos da información de aquello que no funciona y nos coloca cada vez más cerca de nuestro objetivo.

Cada intento adquiere un mayor valor. Es así como sofisticamos nuestra toma de decisión, y en última instancia damos con la clave.

Steve Jobs, el creador de Apple, decía que, a veces, cuando se innova, se cometen errores. Es mejor admitirlos rápidamente, y seguir adelante con la mejora de tus otras innovaciones.

Ensayar, fallar, aceptarlo, volver a intentarlo. Es ahí donde radica el aprendizaje, la innovación y la mejora.