Hace unos años, durante la cena, mi mujer, enfermera que ahora trabaja como profesora, me contó una anécdota que le había ocurrido en una de sus clases. El día anterior había pedido a sus estudiantes de 13 y 14 años que escogiesen a un personaje que les inspirase admiración para que hablasen de él en público durante 60 segundos.

Como ocurre cada vez que propone esta actividad, en esta ocasión tampoco faltaron personajes famosos como Leo Messi o Barack Obama. Sin embargo, a veces los alumnos hablan de personajes menos conocidos que por una u otra razón han dejado huella en ellos. En esta ocasión le sorprendió gratamente que una joven eligiese a la piragüista Maialen Chourraut como inspiración. Más aún tras argumentar que lo que más le había impresionado de Maialen era que había logrado ser campeona olímpica tras haber sido madre tres años antes, y de lo difícil que debía ser conciliar ambas facetas con éxito: ser madre y ser la mejor palista del mundo.

Mientras terminábamos la cena, ambos estuvimos de acuerdo con dos lecciones que podíamos extraer de aquella anécdota. Por un lado, la influencia positiva que puede tener una hazaña como la de Maialen en nuestros jóvenes. Y por otro, la madurez y la capacidad de reflexión que pueden llegar a tener los jóvenes de esa edad.

El escritor Francisco de Quevedo dijo una vez que lo que en la juventud se aprende, toda la vida dura.

Ayudemos pues a nuestros jóvenes a que conozcan las historias de personas que con sus actos de perseverancia, capacidad de superación y honestidad les influyan positivamente para toda la vida.

El esclavo que logró su libertad — saltando hacia el Olimpo — la templanza sobre el agua — levantarse tras el golpe — la importancia de la gestión emocional en el deporte — ¿Qué son las emociones? — Emociones y rendimiento deportivo.

Hace tiempo leí una frase que se atribuye al filósofo griego Epícteto, quién decía que algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Sólo distinguiendo esto se puede llegar a la tranquilidad interior y a la eficacia exterior. Para quién no conozca la historia de este hombre, imaginaos brevemente su vida: Epícteto nació bajo la condición de esclavo hace casi 2.000 años. Su amo, Epaphroditus, le dio permiso para estudiar y tuvo la suerte de dar con el filósofo estoico Musonio Rufo, que se convirtió en su profesor y mentor. Posteriormente, tras la muerte del emperador Nero, Epícteto logró la libertad y enseñó filosofía en Roma durante cerca de 25 años, hasta que el emperador Domiciano expulsara a todos los filósofos de Roma. Entonces, volvió a Grecia y fundó su propia escuela filosófica en la cual impartió enseñanzas hasta el final de sus días. Sus enseñanzas han influido a numerosos personajes históricos de todos los ámbitos, como el emperador Marco Aurelio, el escritor James Joyce, o el psicólogo Albert Ellis, entre otros.

Los postulados sobre el control emocional de la filosofía estoica de Epícteto, Séneca o Marco Aurelio son muy aplicables al rendimiento deportivo, como veremos a continuación.

3 historias

Un salto épico

Siempre he sentido admiración por aquellos deportistas capaces de mantener la calma incluso en los momentos más importantes de sus carreras deportivas. Una de las hazañas deportivas que más me marcaron en mi juventud fue protagonizada por el saltador de longitud cubano Iván Pedroso en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Iván partía como serio favorito a lograr una medalla y para el cuarto salto, parecía tener el oro adjudicado con un salto de 8,41m. El oro olímpico era lo único que le faltaba en sus vitrínas. Anteriormente, ya había logrado tres títulos mundiales al aire libre y cuatro en pista cubierta. Sin embargo, en el siguiente salto, un melenudo, súper-motivado y musculoso llamado Jai Taurima, lograba recorrer una distancia de 9,49m marcando la mejor marca personal de su vida, además conseguir el récord de Australia y Oceanía al mismo tiempo. Imaginaos el momento. Cerca de 100.000 personas en el estadio olímpico. Un australiano logra su mejor rendimiento en el momento clave y delante de miles de compatriotas. La gente se volvía loca en el graderío y la victoria parecía ser suya.

Es el momento de Iván. Nadie salvo él sabe qué estaría pensando en esos momentos, pero la mayoría de los mortales hubiésemos salido escopetados de aquel estadio. Su conducta era muy diferente a la de Jai. Serio. Calmado. Al menos de cara al exterior. Le falta un único salto. Para darle un toque aún más épico al asunto, la madre de Iván falleció dos meses antes e Iván quería dedicarle ese título olímpico. En su sexto y último salto, logra saltar 8,55m.

El joven de Cangas que hizo historia (y siguió haciéndolo)

El Campeonato del Mundo de piragüismo del año 2003 se celebró en la localidad de Gainnesville en los Estados Unidos. En aquella competición, un joven llamado David Cal impresionó al mundo del piragüismo internacional por haber plantado cara durante toda la carrera al histórico canoista alemán Andreas Dittmer en la final de la modalidad de C1 1000 metros. Cal fue por delante de Dittmer durante los primeros 800 metros de la prueba, y al final, tras una dura lucha, el palista alemán se impuso al español. Un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, ambos volvieron a encontrarse cara a cara en una situación muy similar. David salió a por todas y Andreas le seguía de cerca. El ritmo de paleo y la entereza del gesto técnico de Cal auguraban una medalla, pero pocos se imaginaban que la medalla que iba a colgarse sería la de oro. Dittmer comienza a subir. A muchos nos vino una especie de flashback de la final de Gainnesville, pero, sin embargo, David sigue paleando con elegancia y compostura. A cada palada Andreas parece recortarle un poco más, pero la distancia y la velocidad de David nos hace soñar con esa medalla de oro. Cruza la línea de meta y el sueño se hace realidad.

El golpe que no logró doblegar a Greg

Greg sólo tenía ocho meses de edad cuando sus adolescentes padres lo dieron en adopción. Siendo todavía un niño, le diagnosticaron asma y numerosas alergias y le recomendaron realizar actividad física para mejorar su estado de salud. Esto no resultó ser ningún incordio puesto que le encantaba la gimnasia y la danza, y a los nueve años comenzó a recibir clases de salto de trampolín. Pero la infancia de Greg no fue fácil. Sufrió en sus carnes múltiples actos de violencia doméstica y dudaba acerca de su orientación sexual. Al no saber como hacer frente a estas situaciones de adversidad padeció de depresión juvenil y durante una épica fue adicto al alcohol y al tabaco. El salto de trampolín fue su vía de escape para tanto infortunio y a esta actividad le dedicó todo su tiempo. A los 16 años obtuvo una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976.

Hablamos de Greg Louganis, uno de los mejores saltadores de la historia de la natación. Para los JJOO de Moscow 1980, Louganis partía como favorito para obtener dos preseas de oro pero el boicot de los EEUU a esos Juegos Olímpicos le impidió optar por lograr su sueño de ser campeón olímpico. Por suerte, la oportunidad la tuvo cuatro años más tarde durante los JJOO de Los Ángeles 1984 donde se alzó con sus dos deseados oros olímpicos.

La vida deportiva de Greg Louganis parecía ser todo un éxito, pero su vida personal seguía golpeándole con dureza. Y no sólo de manera figurada sino literalmente. Su pareja de entonces, le sometió a numerosos malos tratos. Además, tuvo que lidiar con el cáncer terminal que padecía su padre y la muerte de su novio por el virus del SIDA. A todo esto, se le sumaron unos resultados positivos de VIH seis meses antes de los JJOO de Seúl 1988. A pesar de todo, Greg seguía dispuesto a luchar por dos oros más en esos Juegos Olímpicos, y todo apuntaba a que podría volver a hacerlo. Pero una vez más, aún le quedaba otra piedra más que superar en su camino a la cima.

Durante las pruebas preliminares, se golpea la cabeza con el trampolín y queda inconsciente durante un instante. Momentos más tarde, consigue salir de la piscina por su propio pie y recibe unos puntos de sutura para cerrar la herida. Había luchado tanto durante su vida y había hecho frente a tantas adversidades, que aquel golpe, no suponía más que un pequeño contratiempo. Poco más tarde se alza con el oro olímpico en la prueba de trampolín, y lo mismo ocurriría con la plataforma de 10 metros.

Gestión emocional: la calma antes de la… calma

Además de estos momentos tan emocionantes, recuerdo otros muchos igualmente importantes, como el oro olímpico de Saúl Craviotto y Carlos Pérez en Pekín 2008, o los oros olímpicos de Maialen Chourraut, Marcus Cooper, Saúl Craviotto y Cristian Toro en Rio de Janeiro 2016. En todos estos momentos, una de las palabras que más suena entre deportistas, entrenadores, padres, madres, novias, maridos, espectadores, etcétera, es emoción.

¿Pero qué es realmente una emoción?, ¿a qué nos referimos cuando decimos que nuestro novio no es capaz de identificar nuestras emociones, o cuando comentamos en la cafetería que nuestro jefe no es capaz de controlar sus emociones, o incluso cuando admitimos que nos emociona ver a nuestro equipo favorito ganar un partido amistoso contra un equipo de la tercera división surcoreana?

En base a las evidencias científicas que disponemos, podríamos afirmar que la mayoría de los deportes son actividades, además de físicas y cognitivas, emocionales. Todas las actividades deportivas se encuentran impregnadas de emociones. El deporte es un contexto en el cual, los deportistas a menudo han de motivarse a sí mismas para alcanzar sus objetivos y tolerar las altas cargas de trabajo en sus entrenamientos. A su vez, los deportistas han de enfrentarse continuamente a la presión competitiva, y esto hace que tengan que comprender y regular sus propias emociones y las emociones de los demás (compañeros de equipo, entrenadores, árbitros, adversarios o espectadores, etc.).

Las emociones influyen de una manera decisiva en el rendimiento deportivo y es imprescindible que los deportistas y su entorno sean capaces de mantener la calma.

Fred Slaughter, uno de los muchos jugadores que entrenó el fascinante entrenador de baloncesto John Wooden, conocido también como Coach Wooden o el mago de Westwood, recuerda que en aquellas ocasiones en las que el equipo iba perdiendo de forma alarmante relataba:

“Miraba de reojo a Wooden y ahí estaba él, sentado en el banquillo con su programa enrollado en una mano y totalmente tranquilo, como si pareciera que fuéramos ganando. Y entonces pensaba: “Si este hombre no está preocupado, ¿por qué debería estarlo yo? Vamos a hacer lo que este tío nos ha dicho que hagamos, y punto.”

Manteniendo su control emocional, John Wooden era capaz de trasmitir esa misma sensación a sus propios jugadores.

Recuerdo como hace ya algo más de cuatro años, me encontraba sentado en un coche atravesando las bulliciosas calles de Rio de Janeiro junto al recién proclamado campeón olímpico Cristian Toro, que acababa de ganar la medalla de oro en la modalidad de K2 200m junto al gran Saúl Craviotto. Uno de los comentarios que más me impresionaron fue cuando Cristian me relataba como se había sentido durante el minuto previo a la salida de la final olímpica. Todo estaba en calma. Sus músculos se encontraban relajados. Sabía lo que debía hacer. Su mente no pensaba en nada. Simplemente tenía que reproducir aquello que ya había hecho en numerosas ocasiones en los duros entrenamientos. Era el momento y sólo existía ese momento. Lo que algunos psicólogos denominarían el estado de flujo (Flow). Un estado de rendimiento óptimo. El encuentro con Budha. Llamadlo como queráis. Quien lo ha experimentado, quiere que vuelva a repetirse.

Dos días antes, otro palista de tan sólo 21 años de edad, subía al Olímpo de los dioses del piragüismo. Marcus Cooper Walz lograba imponerse en la final del K1 1000 metros de Rio 2016. Así relataba su experiencia un año más tarde:

Hoy, hace un año… cumplí el sueño más grande de mi vida.
Tras el durísimo día de eliminatoria y semifinal de ayer, solo me quedaba recuperar lo mejor que podía para el día de hoy. Hoy debía hacer la mejor regata de mi vida, no había margen de error, no cabía un solo detalle imperfecto. Es la competición de mayor nivel a la que un deportista puede asistir. No son nervios lo que yo sentía, simplemente ambición por sacar todo, todo lo que había entrenado y no quería pensar en nada más. Pensar demasiado sería darme cuenta de que tendría millones de ojos encima y no solo de mi país, España, sino de todo el mundo, viendo cada detalle de la carrera, juzgando cada movimiento y resultado; pensar demasiado sería darme cuenta de que me juego el esfuerzo de toda mi vida y la bandera de un país entero.
Tras desayunar fuerte, calentar bien y mentalizarme, me coloco en el cepo de salida. No había nada más que un túnel en línea recta. Pensé: “venga, solo tengo que hacer el mejor kilómetro de mi vida, sin pensar en nada más”. Tenía claro mi estrategia. Era arriesgada, pero era lo que había entrenado: salir fuerte, llevar un ritmo medio constante y dejando fuerzas para jugármelo todo en los últimos 200m.
Así lo hice, tenía la mente en blanco durante casi toda la prueba, es mejor así. Me olvidé de mis rivales. No me di cuenta de que iba ganando hasta que crucé la meta. Llegué y no me lo creía, no estaba preparado mentalmente. No sabía ni como celebrarlo.
Todas las cámaras apuntando hacia mi.
Sentí que todo, todo ha valido la pena. Lo único que quería era salir y abrazar a los míos.
Gracias a todos los que me animasteis y felicitasteis. Está claro que no remaba sólo.”

En una entrevista previa a los Juegos Olímpicos de Rio 2016, la palista Maialen Chourraut decía “me gusta la presión, necesito la presión”. Cualquiera que vea una repetición de los instantes previos a la salida de su final olímpica, podrá observar que la cara de Maialen muestra una enorme concentración, pero desde mi punto de vista, no consigo reconocer ningún ápice de preocupación; en cambio, la impresión que me traslada su mirada es que, en casos excepcionales como el suyo, existe un equilibrio entre la presión de jugárselo todo a una carta y la confianza de poder ejecutar con éxito la tarea a la que se enfrenta. Antes de salir, no hay vencedores ni perdedores. Será al final del recorrido cuando se conozca el resultado. Soportar esa presión es esencial. En el caso de Maialen, como ella afirma, se alimenta de esa misma presión que hace que otros se hundan, y afronta el reto con templanza y con confianza.

Es en estos momentos en los que uno se expone a una de las competiciones más importantes de su vida, cuando más ha de controlar y gestionar sus emociones y demostrarse a sí mismo, y a los demás, que es capaz de sacar a relucir su mejor rendimiento sin la interferencia del miedo, la preocupación o los imprevistos. El verdadero campeón es capaz de gestionar estos momentos y disfrutar de su camino a la cima, por muy rocoso y angosto que sea.

Teorías, evidencias y la desesperación de algunos a la hora de definir el significado de una emoción

El escritor irlandés James Joyce decía que cualquier cosa que se diga, cualquier frase dicha, desde un simple comentario aparentemente inocente, hasta un pensamiento filosófico profundo, reúne dos condiciones: la manifestación de un pensamiento y la inevitable expresión de una emoción.

A pesar de que el término “emoción” se emplea frecuentemente en casi todos los ámbitos de la vida, el concepto de emoción y su definición han llevado a investigadores y a filósofos a grandes quebraderos de cabeza. De hecho, algunos han llegado incluso a la desesperada afirmación de que las emociones son aquello que la gente dice que son.

En el año 1884, el psicólogo y filósofo estadounidense William James trató de dar una definición de peso, pero ésta no hizo más que continuar con un debate que sigue abierto más de un siglo después. Tal y como señalan numerosos autores, este concepto es tan amplio que cada investigador se centra en aquellos aspectos de la emoción que son pertinentes a sus investigaciones. Los autores centrados en los aspectos cognitivos la definen en base a los pensamientos, las evaluaciones y las valoraciones; en cambio, aquellos autores más orientados a aspectos fisiológicos la definen en base a la relevancia de los cambios y reacciones fisiológicas que provocan las emociones; por último, los investigadores interesados en los aspectos conductuales, ponen su foco en las características expresivas y motoras de las conductas emocionales.

Uno de los pioneros en estudiar las emociones de forma empírica fue Charles Darwin (¡qué tío!), quién en su obra la expresión de las emociones en el hombre y los animales[1] describió las principales acciones expresivas de las personas, y explicó su origen y su desarrollo. Según Darwin, las emociones surgen debido a que, a lo largo de la evolución humana, han sido adaptativas y nos han ayudado a sobrevivir y a reproducirnos. Desde el punto de vista de la teoría de la evolución por selección natural, una de las teorías más fascinantes de la historia, las emociones motivan a responder rápidamente a estímulos de entorno, lo cual aumenta las probabilidades de supervivencia y de éxito.

El interés de Darwin por las emociones se centró, principalmente, en los procesos de expresión emocional como los gestos, las posturas o las expresiones faciales. Según explica en su obra, la expresión emocional cumple funciones de supervivencia, actúa como señal y como preparación para la acción como un medio de transmisión de información acerca de los hechos que puedan darse de inmediato.

Para muchos pensadores, la influencia que ejercen las emociones sobre el pensamiento tiene un gran peso en las conductas humanas. Estos afirman que los pensamientos influenciados por las emociones empujan a las personas a la acción, o hacen que acepten como válidas acciones de otras personas, conductas a las que se opondrían si no estuvieran bajo la influencia de sus emociones. La noción de que las emociones determinaban las creencias humanas ha sido una constante a lo largo de la humanidad. De hecho, esta percepción fue el punto de partida de los enfoques sobre el bienestar de las filosofías epicúreas y estoicas.

La mayoría de las discusiones filosóficas sobre las relaciones entre la cognición y las emociones concluyen que estas últimas distorsionan el pensamiento racional, hasta el punto de que filósofos como Kant o Young las llegasen a calificar como la enfermedad de la mente o como la alteración del comportamiento y del pensamiento organizado.

Durante las últimas décadas, el término “inteligencia emocional” se ha visto enormemente popularizado y parece haberse introducido con fuerza en ámbitos empresariales, educativos o deportivos, siendo empleado mayoritariamente como algo “que suena bien” pero sin tener mucha idea de lo que significa.

Echemos la vista atrás unos años. Las raíces de la inteligencia emocional las podemos encontrar en los postulados de inteligencia social de Thorndike (1920), los cuales hacían referencia a la capacidad de comprender y dirigir a la gente para que actuasen de forma inteligente en sus relaciones humanas.

Previamente, Binet y Simon (1908) expusieron la idea de que las personas podían hacer uso de sus emociones de una forma inteligente, y distinguían entre inteligencia ideativa (relacionada con el intelecto) e inteligencia instintiva (manifestada por medio de las emociones), pero nunca llegaron a vincular los procesos cognitivos con los procesos emocionales.

La primera mención formal que se hizo de la inteligencia emocional, aparece en el título de un artículo publicado en la revista alemana Praxis der Kinderpsychologie und Kinderpsychiatrie bajo el título Emotionale intelligenz und emanzipation (Inteligencia Emocional y Emancipación) por B. Leuner en 1966. El artículo se centra en una serie de mujeres, las cuáles debido a su, hipotéticamente, baja inteligencia emocional[2] rechazan sus roles sociales.

Otro autor que empleó el termino de inteligencia emocional fue Greenspan (1989), quién analizó el proceso mediante el cual el niño aprende a estructurar lo interno y lo externo. A su vez, este investigador se centró sobre todo en la importancia conjunta de lo intelectual y lo emocional dentro de ese proceso de aprendizaje.

Sin embargo, las raíces más proximales del concepto de inteligencia emocional pueden ser identificadas dentro de la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner (1983), y de forma más específica, en los conceptos intra-personales e interpersonales propuestos por dicho autor.

Según Mayer, Salovey y Caruso (2000), el acercamiento más interesante al concepto de IE aparece en el estudio sobre las emociones de Payne (1986), quién empleó por primera vez el término emotional intelligence (inteligencia emocional en inglés).

Payne desarrolló su propio concepto de inteligencia emocional y mostró evidencias sobre la gran represión que las emociones han sufrido a lo largo de la historia en el mundo civilizado, frenando, según él, nuestro propio crecimiento emocional. Este autor proponía que muchos de los problemas de la sociedad actual como la depresión, las adicciones, los conflictos religiosos o la violencia eran el resultado directo de una ignorancia emocional evidente. Señalaba a su vez que el proceso civilizador había sido demasiado duro con nuestro lado emocional negando en muchas ocasiones nuestra verdadera naturaleza. Por otra parte, Payne afirmaba que no ha existido una maldad consciente en este proceso, sino que ha sido una idea histórica equivocada de la emoción la que ha imperado durante mucho tiempo, y la cual ha impedido poder apreciar la importante función que las emociones tienen en nuestras vidas.

A pesar de todos estos acercamientos al término de inteligencia emocional, es unos años después cuando definitivamente los investigadores Salovey y Mayer (1990) definen el concepto y lo presentan tal y como lo conocemos a día de hoy. Posteriormente, el best-seller Inteligencia Emocional de Daniel Goleman (1995) y el subsiguiente artículo publicado en la revista TIME (Gibbs, 1995) catapultaron el término a un público no-académico.

Las emociones en el deporte. Una perspectiva empírica

Las emociones están presentes en todos los aspectos de la vida humana y, a menudo, se ven acentuados e intensificados en el deporte.

Algunos deportistas pueden mostrar signos de ansiedad precompetitiva, mientras que otros pueden sentirse eufóricos. Los hay que sonríen, y los hay que muestran síntomas evidentes de preocupación. Algunos se frustran, faltan el respeto al árbitro y rompen su material (¿Quién se acuerda de John McEnroe?), mientras que otros lloran de tristeza o de alegría. En todas estas conductas, las emociones juegan un papel determinante.

Los deportistas que se enfrentan a una competición con una gran ansiedad pueden hacer que su rendimiento se vea empeorado, así como un deportista con un nivel de euforia o activación excesiva puede tomar decisiones erróneas o poco certeras. El deportista que falta el respeto al árbitro o a un rival puede verse expulsado provocando así un resultado inesperado instantes antes por el propio deportista.

En investigaciones realizadas con marcadores biológicos, sus autores afirman que las emociones se relacionan con una línea de base más baja en la respuesta al cortisol antes de un evento estresante y también, con un menor aumento del ratio baja frecuencia/alta frecuencia (LF/HF) cardíaca durante un evento estresante. Existen evidencias que afirman que los niveles elevados de cortisol se relacionan con un pobre desempeño en tareas atléticas.

Según algunos autores, la inteligencia emocional es la habilidad mental que ayuda al individuo a evaluar los procesos cognitivos, y dentro del contexto deportivo, constituye un conjunto de meta-habilidades presentes en el deportista que le capacitan para extraer información de las situaciones de competición y entrenamiento, de cara a percibir, controlar y emplear dicha información para modificar así su comportamiento en su propio beneficio y maximizando su rendimiento personal.

Los investigadores Laborde, Dosseville y Allen llevaron a cabo en 2015 una revisión sistemática los estudios que relacionaban la inteligencia emocional con el deporte y la actividad física. Los autores identificaron 227 resultados, de los cuales, tras analizar los títulos y los resúmenes, se quedaron con 55 potenciales artículos. Finalmente, tras analizar la totalidad de los estudios, decidieron quedarse con 36 de ellos para realizar la revisión. De estos 36 artículos, 30 hacían referencia a la IE en contextos de rendimiento deportivo. Éstos incluían a deportistas, entrenadores y espectadores. Por ejemplo, los investigadores encontraron tres estudios que relacionaban la IE con las emociones en los días de competición. En una de ellas llevada a cabo con corredores de ultra-fondo, los investigadores observaron que aquellos que informaban de emociones más placenteras durante una competición de 6 etapas mostraban también mayores niveles de inteligencia emocional. De igual manera, en una investigación realizada en Taiwán con atletas, los autores encontraron que aquellos que mostraban niveles más altos de inteligencia emocional también informaban de una menor ansiedad precompetitiva. Más importante aún, en otro estudio, los investigadores encontraron que las emociones del día de la competición están directamente relacionadas con el resultado obtenido en esta.

Asimismo, en un estudio en el que se analizaron seis equipos de la liga nacional de cricket (Sudáfrica), los investigadores hallaron una correlación positiva (r =.69; p<.05) entre el rendimiento deportivo (número de logs) y la puntuación media del equipo en inteligencia emocional, concluyendo así que los jugadores con altas puntuaciones en inteligencia emocional muestran una mayor capacidad para rendir bajo condiciones de alto estrés y son capaces de lograr optimizar sus emociones obteniendo mayor rendimiento durante los partidos. Por último, los investigadores argumentan que los equipos con altas puntuaciones en inteligencia emocional, podrán sobreponerse con mayor facilidad a contrariedades específicas del cricket.

Un estudio analizó la influencia de la inteligencia emocional sobre el rendimiento deportivo de los jugadores en Liga Nacional de Hockey hielo (NHL) de EE.UU. Los resultados mostraron que la inteligencia emocional añade una varianza significativa a las predicciones del número de puntos conseguidos en la NHL. Por otro lado, en otro estudio se exploraron la relación entre la inteligencia emocional y el rendimiento atlético en una muestra de jugadores de béisbol. Los resultados sugieren que los componentes de la IE parecen estar moderadamente relacionados con el rendimiento del lanzador.

En otro trabajo realizado con futbolistas de alto rendimiento los autores argumentan que aquellos jugadores que se ven más expuestos a experimentar emociones negativas presentan menores niveles de bienestar psicológico, sobre todo en futbolistas de menor edad, e invitan a profundizar en el desarrollo de nuevas investigaciones tendientes a considerar la influencia de los factores emocionales y el uso de estrategias de regulación emocional sobre el comportamiento de deportistas de alto rendimiento.

Recientemente, en un estudio se analizó la efectividad de una intervención de cinco meses de duración para mejorar la inteligencia emocional a nivel de rasgo contando con 67 jugadores de rugby. Los resultados mostraron que el entrenamiento de la IE mejoraba parcialmente la IE. Este hecho demuestra que es posible mejorar la inteligencia emocional de rasgo aunque los participantes no muestren una motivación previa para mejorarla.

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[1] La obra de Charles Darwin la expresión de las emociones en el hombre y los animales fue uno de los primeros libros ilustrados con fotografías y el primero en exponer fotografías sobre las emociones. El editor del libro advirtió que una edición tan costosa “causaría un terrible agujero en los beneficios”, pero la obra resultó todo un éxito, superando las 5.000 copias vendidas en su primera edición.

[2] Leuner proponía como tratamiento para paliar ese déficit de IE la administración de la droga alucinógena LSD-25 y sesiones de psicoterapia.

UN VIAJE SIN RETORNO

Comienzo un viaje cuyo destino aún desconozco

Pero, ¿acaso conocía el destino de aquellas rutas 

Tomadas anteriormente?

¿Dónde quedarían mis aventuras? 

¿Dónde quedarían mis experiencias?

Aún partiendo del mismo puerto 

Y llegando al mismo destino

El itinerario siempre ha sido diferente.

A veces conscientemente,

A veces fortuitamente.

Mi querida Fortuna.

Cuantas veces me has alegrado,

Cuantas veces me has fallado.

He disfrutado con los mares en calma.

He crecido tras las tempestades.

He amado y he desamado.

Las huellas de mis viajes 

Están dibujadas en mis manos.

Sutiles y delicadas en su cara superior,

Ásperas y callosas en su cara interior.

Cortes y caricias,

Cartas de dolor y cartas de amor.

A lo largo de los diferentes trayectos

He requerido de ambas caras.

En esencia soy siempre el mismo, 

Aunque hay partes de mi que mueren

Y partes de mi que nacen.

¿Cuales nacerán en éste?

¿Cuales morirán?

Lo desconozco.

No siempre mueren o nacen las deseadas.

Lo prefiero antes de no enfrentarme a lo que venga.

Ya he alzado las velas.

Hay un huracán que me empuja.

Termine en Ítaca o en el fondo del mar,

Mi destino es el propio viaje.

UN VIAJE SIN RETORNO

Cada día nos levantamos con nueva información acerca de la evolución de esta pandemia. Los datos pueden ser alentadores o pueden ser deprimentes. En ambos casos depende de nosotros como respondemos ante estas noticias y las situaciones que puedan derivar de ellas. Según Epícteto, el filósofo que nació esclavo y logró su libertad, el único camino a la felicidad es abandonando todo aquello que se encuentre fuera de nuestra esfera de elección.

Quizás no estemos viviendo un momento idóneo para alcanzar la felicidad, pero sí es un buen momento para evitar la infelicidad. 

Igualmente, nuestras respuestas ante este tipo de situaciones, no solo nos afecta a nosotros, sino que también afecta a todas aquellas personas que tenemos a nuestro alrededor. Más aún cuando en muchos casos, vivimos unas cuantas personas en un espacio reducido y sin poder salir a tomar un respiro.

Nuestros estados de ánimo influirán a los que tenemos al lado y nuestras conductas influirán a los que tenemos al lado.

No podemos controlar los hechos ni las noticias que nos llegan, pero sí podemos controlar como respondemos ante estos hechos y estas noticias. Con disciplina. Con coraje. Viendo esta situación como una oportunidad para crecer y hacernos más fuertes. Protegiendo a los nuestros.

El liderazgo no es un rango, sino la capacidad que tenemos cada uno de responsabilizarnos de nuestra gente.

Gestionando nuestras emociones, nos ayudaremos a nosotros mismos y a los que tenemos cerca.

Esa gestión solo podemos llevarla a cabo nosotros mismos. Con disciplina. Con coraje.

Seguimos redactando ideas

En el otoño de 1932 Wiston Churchill viajó a Munich para conocer los campos de batalla en los que combatió su abuelo paterno, el primer duque de Marlborough, y estuvo a punto de conocer a Adolf Hitler en persona.

Según contaba en sus crónicas: “En el hotel Regina se presentó Herr Hanfstaengl, un joven alegre, locuaz, que habla muy buen inglés, y parece amigo de Hitler. Lo invité a cenar y le dije que quería reunirme con él. Respuesta: “Es algo difícil de organizar, pero él viene aquí todos los días a las cinco de la tarde, y estará encantado de conocerlo”. Yo no tenía prejuicios sobre Hitler, pero le pregunté:
–¿Por qué su jefe es tan agresivo con los judíos? ¿Qué sentido tiene combatir a un hombre por su origen, por su cuna?
Sin duda, el joven le contó a su führer esta conversación… porque al otro día me dijo:
–El encuentro es imposible. Él no vendrá al hotel esta tarde…

Y así fue como Hitler perdió su única oportunidad de reunirse conmigo”

Cuando Hitler llega a canciller, Churchill supone que el cargo y su responsabilidad le bajaría el tono, y que lo prometido en sus violentos discursos quedará como un simple pour le galerie, algo así como el famoso “muro” del señor Trump. 

No obstante, falla en su predicción y Alemania se convierte en un Estado policial persiguiendo sin piedad a la oposición y a los sindicatos, y comienzan los primeros y brutales ataques contra los judíos con la sangrienta Noche de los Cuchillos Largos. 

Tras estos hechos, Churchill expresa lo siguiente ante la Cámara de los Comunes en julio de 1934: “Alemania esta en manos de un criminal sin escrúpulos y una bomba de tiempo para la paz mundial. No podemos aceptar la supremacía del sistema nazi“.

5 años más tarde, el Reino Unido declara la guerra a Alemania tras su invasión a Polonia.

Hasta aquel momento Churchill llevaba años avisando de lo que podría ocurrir. Estudió al detalle el Mein Kampf. Leía cada artículo sobre Hitler. Escuchaba sus declaraciones. Muchos tacharon al viejo Winston de lunático y de obsesivo. Sin embargo, llegado el momento de la verdad, era quién mejor conocía a su enemigo, y fue la persona que consiguió generar las alianzas necesarias junto a los Estados Unidos y la Unión Soviética para acabar con el sueño supremacista de Hitler.

Mi meditación de hoy me genera la siguiente pregunta:

¿Qué líder escogerán los historiadores como héroe de esta crisis del SARS-CoV-2?

Sabemos que la respuesta solo nos la dará el tiempo, pero ¿qué líder mundial avisó de que esto podría ocurrir?

Haciendo una rápida revisión de las publicaciones sobre el SARS-CoV (2002), MERS-CoV (2012) y este maldito SARS-Cov-2 (2019), parece evidente que muchos científicos indicaban de los riesgos a los que potencialmente podíamos enfrentarnos, y así nos lo hizo saber también la OMS desde el principio de esta situación.

Por otro lado, aquellos que hayáis leído las obras de mi queridísimo Nassim Nicholas Taleb, como “¿Cisne Negro?”, “Antifrágil” y “Jugarse la Piel”, y más aun tras el artículo que publicó el 26 de enero junto a Joseph Norman y a Yaneer Bam-Yam, ambos del New England Complex Systems Institute, parecía muy probable que todo esto se complicase hasta el punto actual.

Sin embargo, es evidente que los lideres del mundo han hecho caso omiso a los avisos hasta que el agua les sobrepasaba el cuello y empezaban a ahogarse sus economías y colapsarse sus sistemas sanitarios.

El tiempo nos dirá a quién escogerán los historiadores como héroe de esta situación. Aunque ahora mismo el dios Crono (Khrónos) no parece tenerlo fácil con tan pocos candidatos en pugna por la gloria.

En una de mis visitas a Japón, tuve la oportunidad de asistir a una ceremonia de té impartida por una reputada maestra. Entre los pocos adornos que podía observar en la habitación, se encontraba un jarrón con unas flores y un lienzo colgante con un dibujo caligráfico.

Horas más tarde, me invitaron a visitar un templo zen budista y a tomar café y pastas con el maestro del templo. Nada más entrar a la residencia del maestro pude observar la misma decoración: unas flores y encima de estas una caligrafía.

Había leído anteriormente de este tipo de combinaciones estéticas eran típicas del zen. La filosofía del menos es más. La visión austera de la belleza. La belleza en la austeridad.

Una manera de ver el mundo que encajó perfectamente en la mentalidad de los samuráis y su Bushido. El camino del guerrero.

Para estos guerreros, la vida podía ser tan efímera como una flor en un arreglo de ikebana.

Cuentan que muchos samuráis dedicaban las horas previas al arte del arreglo floral antes de un duelo o una batalla ya que les ayudaba a olvidarse del destino que les podría deparar, y como forma de meditación. Cortaban hojas, ramas, y flores de sus jardines para alcanzar la ansiada tranquilidad y serenidad de sus almas previo o tras los combates en la guerra. Habitualmente, los samuráis reflejaban su estado de ánimo en cada una de sus composiciones.

El ikebana se convirtió en su propósito estético. En un acto de reflexión sobre el paso del tiempo y los ciclos de la vida (nacer, crecer, morir y renacer). El hecho de que las obras sean efímeras, debido al material de que están hechas, lo convierte en un acto de reflexión sobre el paso del tiempo.

No obstante, el ikebana es algo más: un antiguo saber que emerge de un respeto hacia la naturaleza profundamente arraigado en el alma japonesa como otras muchas formas de su arte, tales como la caligrafía, la ceremonia del té que he mencionado antes, así como la poesía haiku, que también practicaban los samuráis.

En mi caso, los riesgos que corro habitualmente no son tan extremos como el de aquellos antiguos guerreros japoneses. No obstante, desde hace unos meses comencé a practicarlo como medio para relajarme y trabajar la concentración, ya que durante los últimos años mi vida ha sido un ir y venir a reuniones, competiciones, clases, y otros muchos compromisos, y necesitaba hobbies que me hicieran trabajar con mis manos y dedicar mi plena atención al delicado material con el que se trabaja el ikebana.

Durante estos días de desconcierto e incertidumbre, es importante que busquemos alternativas al constante bombardeo de noticias al que nos exponemos y si tienes acceso a algunas flores en tu casa, en tu jardín o en tu huerto, puede ser una buena oportunidad para practicar uno de los artes practicados por los samuráis.

Durante las últimas semanas nuestras vidas se han visto alteradas por completo. Hemos pasado de las estadísticas a los nombres. Personas cercanas a nosotros han sido hospitalizadas. Aquellos familiares y conocidos en la línea del frente luchando por las vidas de los demás exponiendo ante el peligro las suyas. Miles de personas han perdido sus puestos de trabajos. Otros muchos viven con la incertidumbre de qué ocurrirá con sus contratos. Muchos se cuestionan la veracidad de los datos. Otros viven con ansiedad la incertidumbre sobre la duración del confinamiento. Los más desafortunados incluso han perdido sus vidas.

Redactando ideas

En momentos como estos, históricamente muchos han recurrido a la religión y a la filosofía para buscar respuestas, soportar las diferentes perdidas, convivir con la incertidumbre y encontrar la luz al final del camino.

Marco Aurelio, el emperador romano que vivió según los principios filosóficos del estoicismo, en una de sus meditaciones decía que en momentos como los que estamos viviendo, “la primera regla es mantener el espíritu en calma. La segunda es ver las cosas frente a frente y saber qué es lo que son.”  Por muy difícil que sea la situación que nos esté tocando vivir, siempre tendremos la elección de mirar al mal a los ojos y de hacerle frente con la única arma que podemos controlar: nuestra mente.

A Marco Aurelio le tocó vivir bajo su mandato la peste Antonina, que fue la primera peste que afectó globalmente al mundo occidental. 

Aquella epidemia perturbó todas las dimensiones de la vida en el Imperio Romano tales como la economía, la política, la religión y la cultura, y alcanzó una mortalidad del 10% de la población. Se estima qué a nivel global, fallecieron entre 10 y 18 millones de personas.

Para poder lidiar mejor con los pensamientos que le apesadumbraban, Marco Aurelio escribía para sí mismo que todo esto ya había pasado antes, y que volvería a pasar, con un mismo principio y unos estadios idénticos. Se decía que ya había ocurrido anteriormente en muchas otras cortes. Simplemente las personas eran diferentes.

Son momentos de gran incertidumbre y constantes cambios. En momentos como este, está en nuestras manos mantener la mente serena y observar las cosas desde el prisma del emperador romano. 

Centrémonos pues en aquello que podemos controlar: nuestros pensamientos y nuestra actitud. Con calma y con actitud de ganar esta batalla.

Para un deporte como el mío, el piragüismo, los Juegos Olímpicos son su máxima expresión competitiva. Los mejores deportistas del mundo se juntan una vez cada cuatro años para luchar por sus sueños mientras el resto del mundo se emociona observando sus esfuerzos y sus hazañas.

Justamente hace dos días, cuando faltaban exactamente 4 meses para la inauguración de los Juegos Olímpico de Tokio 2020, el Comité Organizador y el Comité Olímpico Internacional decidieron aplazar el evento multideportivo más importante del mundo hasta el año 2021.

 El día anterior el presidente del COI, Thomas Bach, había anunciado que se planteaban posponerlos y que tomarían la decisión en un plazo de 4 semanas. Sin embargo, la decisión no se podía demorar más. Numerosas federaciones nacionales e internacionales, así como deportistas y ciudadanos de todo el mundo, reclamaban un aplazamiento, y los mandatarios no podían mantener por un minuto más el discurso de continuar con la agenda tal cual había sido programada y seguir mirando hacía otro lado.

Se trata de los primeros Juegos Olímpicos que se retrasan en la historia. Anteriormente se habían suspendido únicamente en tiempos de guerras mundiales las ediciones de 1916, 1940 y 1944, y curiosamente en 1940 los Juegos Olímpicos también debían haberse celebrado en la capital nipona de no ser por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en esta ocasión se dan dos circunstancias únicas en la historia del Olimpismo.

Por un lado, existe una crisis sanitaria de orden global sin precedentes en nuestros tiempos y como dice uno de los principios fundamentales de la carta olímpica, el objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del ser humano, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. En estos momentos el movimiento olímpico debía mover ficha a favor de toda la humanidad y enviar un mensaje claro de que la salud y la seguridad deben estar por encima de todo.

Por otro lado, previo a este anuncio de aplazamiento, muchos comenzaban a definir estos Juegos Olímpicos como los “Juegos de la desigualdad”, puesto que las condiciones de preparación olímpica para muchos países no estaban siendo las óptimas debido a las políticas de confinamiento general adoptadas por algunos gobiernos, mientras que para otros la situación aún no había llegado a ser tan complicada, o simplemente enfocaban el contexto de los deportistas desde otra perspectiva permitiéndoles ciertas excepciones. Por estos motivos y como muestra de solidaridad con todos los deportistas del mundo que soñaban con dar su mejor versión en los JJ.OO. de Tokio 2020, los dirigentes debían estar a la altura y posponer el evento.

Simplemente con entrar en las redes sociales de nuestros deportistas podemos observar las condiciones en las que se estaban preparando mientras se perdía la esencia de su deporte. Los piragüistas sin salir al agua. Los nadadores sin piscina. Los atletas sin pisar la pista. Los judokas sin compañero. Los ciclistas sin carretera ni velódromo. Los escaladores sin pared. Los surfistas sin olas. Mirases donde mirases los deportistas se preparaban entre la ansiedad de no saber qué es lo que ocurriría con su sueño olímpico y la frustración de ver a algunos de sus rivales de otros países entrenar con normalidad o al menos con restricciones viables para su práctica deportiva.

Ahora ya conocemos que al menos nuestros deportistas podrán tomarse un respiro y sus entrenadores podrán volver a sus pizarras y contar las semanas que faltan para los Juegos Olímpicos. Sin embargo, también nos tocará enfrentarnos todavía a múltiples incógnitas mientras bailamos entre el optimismo y el desaliento. ¿Cuándo saldremos de esta maldita crisis?, ¿qué ocurrirá con las becas de los deportistas si no hay competiciones?, ¿qué harán los deportistas que pensaban retirarse o cuya edad podría no ser tan adecuada como en 2020? ¿qué harán aquellas deportistas que quizás planeaban ser madres en el año posolímpico o aquellos que lo habían pospuesto todo para después de los JJ.OO.? ¿Cómo podemos preparar unos Juegos en 2021 cuando una planificación de 4 años se ve destrozada en su recta final?

Al menos tenemos la suerte de que los Juegos Olímpicos se celebrarán en Japón, puesto que no son muchos los países que podrían afrontar las millonarias perdidas que tendrá este aplazamiento.

De igual manera, opino que hubiese sido una grandísima pena que el país del sol naciente no pudiera brillar con todo su esplendor debido a esta grave pandemia que asuela al mundo entero. Desde 2018 he tenido la oportunidad de visitar este país en 3 ocasiones con motivo de los preparativos de nuestro equipo y he de decir que su nivel de hospitalidad y de compromiso para organizar estos JJ.OO. es digno de la mayor de las admiraciones.

Este aplazamiento nos permite ahora como ciudadanos centrarnos en lo más importante, que es ayudar a la sociedad a salir de esta crisis sanitaria, y como profesionales del deporte nos permite tomarnos un pequeño respiro para comenzar a rediseñar nuestro camino a los JJ.OO. de Tokio con más de un año de antelación, y si cabe, con más ilusión y ambición que nunca.

Es el momento de reponernos, de aprender de esta crisis y de salir reforzados para que el año que viene todos podamos disfrutar del mayor espectáculo del mundo. Los Juegos Olímpicos de la esperanza y de la solidaridad.

Momento en el que Maialen Chourraut gana el oro olímpico en Rio 2016.
Foto del Comité Olímpico Español.

For a sport like mine, canoeing, the Olympics are your ultimate competitive expression. The best athletes in the world get together once every four years to fight for their dreams while the rest of the world gets excited watching their efforts and achievements.

Just two days ago, with exactly 4 months to go until the opening of the Tokyo 2020 Olympic Games, the Organizing Committee and the International Olympic Committee decided to postpone the most important multi-sport event in the world until 2021.

 The day before, IOC President Thomas Bach had announced that they were considering a postponement, and that they would make the decision within 4 weeks. However, the decision could not be delayed any longer. Many national and international federations, as well as athletes and citizens from around the world, demanded the Games to be postponed, and it became clear that they could not continue with the agenda as programmed and ignore the claims.

It is the first Olympic Games to be delayed in history. Previously, the editions of 1916, 1940 and 1944 had been cancelled only in times of world wars. Interestingly enough, in 1940 the Olympic Games should also have been held in the Japanese capital, had it not been for the outbreak of World War II. However, this time there are two unique circumstances in the history of Olympism.

On the one hand, there is a global health crisis unprecedented in our times and as one of the fundamental principles of the Olympic Charter says, the goal of Olympism is to place sport at the service of the harmonious development of humankind, with a view to promoting a peaceful society concerned with the preservation of human dignity. At this moment, the Olympic movement had to focus on all humanity and send a clear message that health and safety must be above all.

On the other hand, prior to this announcement of postponement, many were beginning to define these Olympic Games as the “Games of inequality”, since the conditions of Olympic preparation for many countries were not being optimal due to the general confinement policies adopted by some governments, while for others the situation had not yet become so complicated, or they simply approached the context of athletes from another perspective, allowing them certain exceptions. For these reasons, and as a sign of solidarity with all the athletes in the world who dreamed of giving their best at the Tokyo 2020 Olympic Games, the leaders had to live up to and postpone the event.

Simply by checking the social networking sites of our athletes we can see the conditions in which they are training, while the essence of their sport was getting lost. Canoeists without going on the water. Swimmers without a pool. Athletes without stepping on the track. Judokas without a partner. Cyclists without going on the road or to the velodrome. Climbers without a wall. Surfers without waves. No matter where you looked, athletes were training between the anxiety of not knowing what would happen with their Olympic dream and the frustration of seeing some of their rivals from other countries train normally or at least with viable restrictions for doing their sport.

Our 4-time Olympic medallist Saúl Craviotto training at home.
Photo from his Instagram account.

Now at least we already know that our athletes will be able to take a breather and their coaches will be able to go back to their boards and count the weeks left before the Olympic Games. However, we will also have to face multiple unknowns while we dance between optimism and discouragement. When will we get out of this damn crisis? What will happen to athletes’ funds if there are no competitions? What will those who were planning to retire do or whose age might not be as adequate as in 2020? What will those athletes who perhaps planned to become mothers in the post-Olympic year do or those who had postponed everything until after the Olympic Games? How can we prepare for such an important event in 2021 when a 4-year programme is shattered in its final stretch?

At least we are lucky that the Olympic Games will be held in Japan, since there are not many countries that could face the huge financial losses that this postponement will cause.

In the same way, I consider that it would have been a great pity if the country of the rising sun could not shine in all its splendour due to this serious pandemic that is devastating the entire world. Since 2018 I have had the opportunity to visit this country on 3 occasions due to the preparations of our team and I must say that its level of hospitality and commitment to organize these Olympic Games is worthy of the greatest admiration.

This postponement now allows us as citizens to focus on the most important thing, which is to help society to get out of this health crisis, and as sport professionals it allows us to reset our plans and begin to redesign our way to the Games, if possible, with more enthusiasm and ambition than ever.

It is time to recover, to learn from this crisis and to come out stronger so that next year we can all enjoy the greatest show in the world. The Olympic Games of hope and solidarity.