Caminando sobre porcelana: deportistas frágiles

Debido al ajetreo de mi trabajo durante el día y a la redacción de mi tesis doctoral por las noches y los domingos (¡quién me mandaría  a mí meterme en este embolado!)  no he tenido demasiado tiempo para escribir acerca de aquello que no esté estrictamente relacionado con mi trabajo o con mi tesis. Por eso, aprovecho nuevamente otro viaje en tren para escribir unas líneas.

Hay una frase que me dijo un triple medallista olímpico hace ya unos años y que me viene a la mente de vez en cuando: “Ekaitz, si quieres disfrutar en la competición, los entrenamientos han de ser más duros que la competición”.

Obviamente no todos los entrenamientos han de ser duros (1), pero lo que he podido observar en multitud de disciplinas es que algunos deportistas rehuyen salir de esa zona de confort y se escudan en excusas, algunas realmente ingeniosas.

A su vez, técnicos y entrenadores, con el objetivo de optimizar el rendimiento, estamos centrándonos en exceso en aquellas variables que puedan ser medibles y no nos salimos del guión por miedo a interferir con el plan establecido.

En cuanto a la competición, hay deportistas que cada vez compiten menos debido al temor a que las competiciones secundarias puedan interferir en el rendimiento de la competición principal o incluso debido a nuestros miedos a que estas competiciones no salgan según lo esperado y afecte al deportista moralmente. En mi opinión, cuando uno se expone a perder, también se está preparando para ganar.

Pues bien. Si es verdad aquello que dicen los fisiólogos y teóricos del entrenamiento de que uno se adapta a lo que entrena, añadiré que también uno compite como entrena (2). Y si buscamos aún mayor especificidad, diré también que a competir se aprende compitiendo.

Hay situaciones de la competición que nunca conseguiremos reproducirlas en un entrenamiento. Por eso, hay momentos en los que si queremos que nuestros deportistas se conviertan en personas más duras (dureza mental y física) o, utilizando el término desarrollado por Nassim Taleb, que se conviertan en personas física y mentalmente anti-frágiles, han de acumular más competiciones en su mochila.

Decía, que hay aspectos de la competición que no podemos reproducir en los entrenamientos pero hay otros que sí. Uno de ellos  es el de prepararnos a no tirar la toalla cuando la cosa se complica.

Muchos deportistas tienden al abandono de las series o partes del entrenamiento, bien porque nos sacan de nuestra zona de confort o bien porque no hemos alcanzado el objetivo marcado para esa serie, ese ritmo o ese entrenamiento.

La repetición es fundamental para adquirir pericia en algo, pero por desgracia, la repetición también hace que un gesto técnico incorrecto o una conducta negativa corra el riesgo de fosilizarse. Una conducta de abandono repetida a menudo, se queda grabada en nuestra mente como cuando un granjero yerraba a una vaca en el lomo con su sello -desconozco si se sigue llevando a cabo esta práctica-.

Esto conlleva a que cada vez que nos enfrentemos a una situación difícil en competición, nuestra mente acuda a su directorio de recursos y extraiga aquella información de una conducta que ha empleado con asiduidad.

En definitiva, la belleza está en la dureza. Por eso nuestros deportistas han de caminar sobre tierra firme, no sobre porcelana.

————–

(1) Personalmente, me inclino más hacia un enfoque polarizado (basándome en algunas evidencias científicas y observaciones personales) en el que los deportistas tengan, por un lado, la oportunidad de acumular mayor millaje y realizar gestos técnicos a bajas intensidades (además de los beneficios de una mejor recuperación, menor sometimiento al organismo a un desgaste excesivo, etc.) y por otro lado, para proporcionar al deportista la oportunidad de dar lo mejor de sí cuando el objetivo sea el de realizar sesiones de mucha calidad y alta demanda energética.

(2) Esta afirmación de que “uno compite como entrena” es una simplificación para hacer llegar el mensaje. En verdad, observo que algunos compiten mejor de lo que entrenan, mientras que a otros les ocurre exactamente lo contrario.

1- Las opiniones de este blog son opiniones propias. 
No representan a ninguna de las instituciones para las que 
trabajo o colaboro.

2- Cuando se utiliza el género masculino se quiere hacer
referencia a ambos sexos, sin hacer ningún tipo de distinción 
o discriminación.

Comienza el espectáculo

Queda menos de una hora para la ceremonia de inauguración de estos Juegos Olímpicos de Rio 2016. Los primeros JJOO de la historia para Sudamérica. Oigo bocinas en la calle y no se si se debe a la emoción de la gente o a una tarde más de tráfico cotidiano en esta ciudad tan espectacular y llena de contradicciones.

Anoche nos recogió del aeropuerto un taxista que me contó que todo había quedado muy bonito y que, en su opinión, algunas infraestructuras que se habían construido para este evento eran necesarias, pero me admitió que no lo veía necesario para esta ciudad. Lo realmente necesario, según él, era más educación.

Me hubiese gustado hablar más con él sobre este asunto pero entre mi español-portugués (el truco esta en ponerle acento portugués y cambiar las terminaciones “-ción” por “-ção” como educación por Educação) y la falta de sueño, estaba mentalmente exhausto y lo dejé ahí.

Era de noche y las calles no estaban demasiado iluminadas. Al llegar a un punto me dijo: “mira, fíjate en esa fabela. Esa es la fabela de la película de Ciudad de Dios. La fabela esta a ambos lados de esta carretera y se une por debajo de ella”.

El viaje en avión se me hizo bastante llevadero. No suelo dormir bien en los aviones por lo que me pasé todo el viaje viendo películas. Llevaba meses sin ver una y tenía ganas de ello. La primera que escogí fue la última del director mexicano Gonzalez Iñarritu que siempre ha sido uno de mis directores preferidos. Cuando me dedicaba a competir veía muchas películas pero ahora estoy totalmente desconectado de este “mundillo” y no tenía ni idea de que había hecho una con Leonardo Dicaprio y Tom Hardy titulada The Revenant o El Renacido.

Siento mucho decirlo -por respeto a este gran director- pero a los pocos minutos de comenzar la película tuve que pararla ya que me estaba resultando demasiado violenta. De hecho, me dejó tan mal cuerpo que me fui al otro extremo cinematográfico para quitarme esa sensación de incomodidad y puse How to Be Single o “mejor…solteras”. El típico bodrio de comedia romántica. Al menos consiguió mejorar mi ánimo.

La siguiente película fue Eddie the Eagle. Película perfecta para ir entrando en el ambiente olímpico. Trata de un esquiador británico cuyo sueño era acudir a unos Juegos Olímpicos.

La película finaliza con la frase del padre de los JJOO modernos, el barón Pierre de Coubertín: “Lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo.” Final perfecto.

Los JJOO se han vuelto muy contradictorios pero para mi es un orgullo poder contar en Rio 2016 con el equipo olímpico de los deportistas refugiados. Que algunos de los mejores deportistas del mundo se hayan quedado en sus casas porque en sus países hay alguno mejor es una putada, pero que deportistas que han sufrido lo indecible puedan competir aquí me resulta algo maravilloso.

La última película fue la de otro de mis actores más queridos, el gran…¡¡¡Clint Eastwood!!!!. La película trataba sobre un ojeador de beisbol que se iba haciendo mayor y que sus jefes habían decidido darle puerta. Esto me llevó a reflexionar acerca de la dependencia que estamos adquiriendo en el deporte de alto rendimiento hacia las nuevas tecnologías rechazando métodos más “artesanales” adquiridos por entrenadores experimentados durante años y años de práctica y de ensayo-error.

Recientemente el reputado fisiólogo deportivo Marco Cardinale decía en una conferencia que, debido al alto grado de error de las nuevas tecnologías aplicadas al rendimiento deportivo, el mejor recurso del entrenador seguía siendo el “ojimetro”.

Ya no queda nada para que esto comience. Va a ser un espectáculo.

Mi primer recuerdo de unos JJOO fue cuando era un niño y tenía una infección de oído enorme que me impedía poder dormirme. Eran los Juegos Olímpicos de Seul ’88 y muchas de las competiciones eran de noche. Los JJOO fueron mi salvación y mi mejor analgésico. Desde entonces me han parecido lo más grande y espero que sigan representando lo mismo durante muchos años más, una manifestación universal de superación y de esfuerzo por intentar conseguir los sueños de uno.

Seáis deportistas o no. Estéis desfilando esta noche en ese estadio o no. Compitáis en estos Juegos Olímpicos o no. Hayáis alcanzado vuestro objetivo o no. Si lo habéis intentado con todo vuestro empeño, con todas vuestras fuerzas y con toda vuestra pasión, para mi ya habéis conseguido lo más grande.

Disfrutad del momento.

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referencia a ambos sexos, sin hacer ningún tipo de distinción 
o discriminación.

Camino a Rio (¡literalmente!)

Hoy he comenzado por fin un viaje que llevo preparando durante mucho tiempo. Me encuentro sentado en un cómodo, rápido y silencioso tren de la Deutschen Bahn dirección al aeropuerto de Frankfurt.

Siempre me ha gustado viajar en tren. Recuerdo como mi abuelo, cuando era pequeño, me solía tomar el pelo cantando en euskera: “autobusa bai! trena ez!”, que significa “autobus, ¡no!; tren, ¡sí!, y yo indignado solía responderle con el mismo tono de la canción pero más irritado: “autobusa ez! trena bai! (autobus, ¡no!; tren ¡sí!).

Desde mi asiento puedo observar lo verde que es esta parte de Nordrhein Westfalen -no me extraña con la que está cayendo ahora mismo. Parece Escocia-.

Decía que disfruto viajando en tren, pero más aún cuando sé que de esta forma estoy a salvo de conducir por este país donde parece que todos los conductores llevasen como pasajeras a mujeres a punto de dar a luz. Sólo les falta sacar un pañuelito blanco por la ventana y pisar más a fondo el acelerador.

De vez en cuando, mis ojos avistan un canal y me imagino paleando con mi piragua surcando esas tranquilas aguas. El sistema de canales de esta zona me resulta increíble. En general, los sistemas de canales de Holanda, Bélgica y Alemania son una maravilla para cualquiera que disfrute del piragüismo como actividad de ocio. Alguna vez he tenido la oportunidad de palear en alguno de ellos y os aseguro que es una sensación inolvidable.

El tren para durante 5 minutos en Duisburg. Ciudad a la que tengo cierto cariño, y no por su belleza arquitectónica precisamente, sino porque en ella se encuentra el famoso campo de regatas de Duisburg. Durante estos cinco minutos he podido observar la variedad de gente que habita esta zona, o al menos, la variedad de gente que deambula por la estación de tren. Con cierta discreción me fijo en los peinados de color rosa, morado o azul de algunos jóvenes viandantes (y no tan jóvenes), y si esto fuera poco, sus peinados parecen haber sido cortados con espada láser por algún peluquero de mal pulso. La medalla de oro se la lleva un tipo remangado y con los brazos tatuados que parece estar bebiéndose una botella de cerveza de trago y sin respirar. Me encanta Alemania.

La siguiente estación es Düsseldorf Hbf. Se sube un backpacker (o mochilero, depende de la denominación) y a duras penas consigue colocar su mochila en la balda dedicada para tales enseres. Le debe pesar unos 200 kilos (ecuación mental realizada basándome en su corpulencia y el carácter del esfuerzo de dicha actividad) y pienso: “bendito el mamón aquél que inventó las ruedas para las maletas”. Será que me estoy haciendo mayor.

Próxima parada, Colonia. Desde mi ventana veo colgada desde una ventana una bandera portuguesa. Seguramente lleva ahí desde que Portugal ganó la Eurocopa o incluso desde el comienzo del campeonato. Seguimos. Veo casas adosadas con sus pequeños jardines y alguna que otra barbacoa que hoy seguro no será encendida.

Saco el móvil y enchufo los auriculares que me compré hace unos días. Son unos Sennheiser y el paquete prometía tener buena calidad de sonido. Busco algún disco de mi iTunes que vaya bien con este momento y me decanto por el doble disco de Billy Bragg & Wilco. La primera canción que suena es “way over Yonder in the minor key” y pienso para mis adentros que este viaje ha comenzado bastante bien.

A mi lado alguien se ha dejado la revista de la Deutschen Bahn llamada Mobil DB y en su portada aparece una pareja de deportistas olímpicos. Parece ser que el especial del mes trata acerca de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Comienzo a leer la revista (más que leer quería decir ojear, ya que mi alemán aún es muy escaso) y me fijo en los deportistas que aparecen en ella. Los primeros en salir son el Ruder-Achter, también conocidos como el Deutschland-Achter, que son el “ocho” de remo olímpico alemán y campeones en Londres 2012. Me llama la atención que no aparezca ningún piragüista dada la gran tradición por este deporte en Alemania.

En breve llegaré al aeropuerto de Frankfurt donde cogeré un vuelo a Porto. De ahí saldrá el vuelo que, si todo va bien, me llevará a ese destino por el que he trabajado tan duramente durante los últimos meses.

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¿Por qué los niños deberían saltar más, correr más y levantar más piedras?

Según un estudio publicado en la prestigiosa revista científica The Lancet sobre la obesidad y el sobrepeso en niños y adultos, el 23.8% de los niños y el 22.6% de las niñas de los países desarrollados tienen sobrepeso o son obesos.

Las razones son varias pero, según algunos investigadores, las más importantes son una mala dieta y la falta de actividad física.

Si analizamos de donde venimos y donde estamos, nos damos cuenta de que la actividad física ya no resulta necesaria para nuestra subsistencia y que la relación entre lo que comemos y lo que nos costaba obtener ese alimento se ha distorsionado tanto que nos ha alejado completamente de lo que sería un contexto natural para nuestra especie. Nuestra evolución genética no ha tenido el tiempo suficiente para adaptarse a los increíbles cambios culturales que hemos tenido durante nuestra reciente historia -¿qué son 10.000 años para una especie de más de 2.5 millones de años?- y este desequilibrio nos ha llevado a un escenario en el cual aparecen la obesidad, los problemas coronarios y los desajustes relacionados con la insulinoresistencia, por nombrar algunos.

Es decir, que cuando se originó nuestro genoma mediante los mecanismos darwinianos (evolución por selección natural), la demanda de actividad física diaria era muy alta y nuestra fisiología y nuestra bioquímica se diseñó para funcionar de manera óptima en esas condiciones. En cambio, debido al estilo de vida sedentario actual, el cual no tiene precedente alguno en nuestra historia, cada vez nos encontramos con más problemas de salud los cuales se podrían curar -o al menos mejorar- con una dieta y un estilo de vida más acorde con lo que somos: hombres y mujeres de la Edad de Piedra que nos movemos en coche, pasamos horas sentados frente al ordenador y comemos alimentos que sobrepasan nuestros requerimientos calóricos del día.

Personalmente, lo que más me preocupa son los niños y la cultura que están heredando de nosotros. No somos conscientes de la necesidad que los niños y los jóvenes tienen de realizar ejercicios aeróbicos y otras actividades más vigorosas para su desarrollo físico y psicológico.

Es increíble observar, tal y como ocurre con muchos otros aspectos de la vida moderna -o post-moderna según algunos colegas académicos-, como nos hemos alejado tanto de aquello que es natural para nuestra especie y que podría dotar a nuestros niños de una vida más saludable y enriquecedora de experiencias.

Los niños del paleolítico, con los cuales nuestros niños comparten prácticamente el mismo genotipo, copiaban todo aquello que hacían los mayores: jugar a ser cazadores, caminar para recolectar, correr y esprintar tras un animal imaginario, saltar desde un árbol, levantar piedras (los vascos aún lo seguimos haciendo. Broma fácil), construir cabañas, abrir nueces, peleas amistosas, jugar con barro, etc.

De hecho, no hace tanto que jugábamos de esa forma. Al menos yo lo hacía.

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El hábito de despertarse antes que el sol

Hay algo mágico en levantarse pronto. Hay días en los que preparo el café y me siento tranquilamente en mi sillón mientras veo amanecer. En otras ocasiones, hago un breve entrenamiento antes de desayunar. Lo cierto es que me encanta levantarme antes que los demás.

Es un hábito que adquirí cuando fui a entrenar a Australia hace ya unos años. Los muy locos entrenaban a las 05:30 de la mañana ya que algunos después tenían que ir a trabajar. -no os asustéis, mi impresión es que allí amanece antes y oscurece más temprano-.

La alarma sonaba a las 04:40 y hacia las 5:10 pasaba el entrenador a buscarme. Gracias a la increíble hospitalidad de los australianos, me alojé durante un par de meses en un Surf Club (thank you Jennie, Naomi, Kenny and Jimmy!), que son clubes sociales y deportivos de socorrismo y rescate acuático.

Es decir, que vivía prácticamente sobre la arena.

Me preparaba un rápido desayuno a base de cereales con leche y café soluble y me lo tomaba en el balcón mientras salía el sol. Aunque suene a “hippie” o a romántico, pocas veces he experimentado una sensación tan grande de serenidad y tranquilidad de forma tan prolongada. Todos los días me despertaba frente a un espectáculo de sol, nubes y olas -luego ya me tocaría sufrir en el entrenamiento-.

Ahora tengo muchas más responsabilidades y obligaciones que en aquella época pero el hábito de despertarme pronto por suerte -o por terco, por que no siempre es fácil- lo sigo manteniendo.

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Confianza, constancia y control

La semana pasada os hablé de la dureza mental y del crecimiento post-traumático en dos publicaciones diferentes. Hoy me gustaría añadir algo más de información acerca de la dureza mental.

Históricamente, ha sido uno de los términos más utilizados dentro de la psicología del deporte, pero a su vez, también ha sido uno de los menos comprendidos.

El primer autor en abordar la temática de la dureza mental fue Loehr en el año 1986. Según este autor, las personas con altos niveles de dureza mental, son capaces de mantenerse relajados ante situaciones difíciles, pero que a su vez, hacen frente a esas situaciones de manera enérgica. Además, estas personas son capaces de crear flujos de energía positiva ante las adversidades y los momentos de crisis.

Más de 25 años después, otro autor (Sheard, 2012) adoptó el concepto de Loehr y dividió la dureza mental en tres dimensiones:

  • La confianza refleja la confianza que un deportista tiene sobre sí mismo. El deportista cree en las posibilidades de lograr sus objetivos, y además, confía en ser mejor que sus rivales.
  • La constancia hace mención a la determinación que tiene cada deportista de lograr sus objetivos. Estos deportistas se muestran responsables, hacen frente a los problemas y son capaces de mantener la concentración en momentos de mucha presión.
  • El  control hace referencia la capacidad que tienen las personas con mucha dureza mental de controlar sus emociones en momentos difíciles. Además, estas personas perciben tener el poder de hacer que sus sueños se hagan realidad.

 

Confianza, constancia y control. Parecen objetivos difíciles de alcanzar, pero si fuera fácil, el término “mental” no vendría precedido de la palabra “dureza”, ¿no os parece?

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Si alguien estuviese interesado en esta temática, aquí os dejo un par de referencias bibliográficas:

Loehr, J. E. (1986). Mental toughness training for sports: Achieving athletic excellence. Penguin Books.

Sheard, M. (2012). Mental toughness: The mindset behind sporting achievement. Routledge.

 

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Cuidado con dar consejos

Hace unas semanas tuve la oportunidad de compartir mesa, entre otros invitados, con el entrenador de varios campeones del mundo y medallistas olímpicos.

Éste me contó una historia de uno de sus deportistas que me gustó y que quisiera compartir con vosotros.

Al parecer, su deportista, hoy ya retirado, tenía una altura desmesurada para su modalidad, pero al igual que otros muchos jóvenes que se inician en un deporte, lo vivía con pasión.

Un día, cuando Jürgen* tenía 15 años, una de las fases previas del campeonato del mundo llegó en su ciudad natal. Éste, emocionado de ver a su ídolo, se acercó a saludarle y a sacarse una foto con él.

Según me contó su entrenador durante la velada, Jürgen siempre había sido un joven muy extrovertido y mientras se sacaba la foto y estrechaba la mano de su ídolo sin soltarla, le dijo que algún día le gustaría ser tan bueno como él.

Entonces, éste, me figuro que sin intención de herir los sentimientos del chaval, le sugirió que con su estatura debería probar suerte con algún otro deporte.

Bien, pues al parecer, metió la pata hasta el fondo y Jürgen volvió a casa dolido.

No obstante, una vez se le pasó el cabreo inicial, se prometió a si mismo que un día sería campeón del mundo y que además lo haría ganando a su ídolo.

Años más tarde, Jürgen llegaba a la élite mundial y antes de que aquél héroe deportivo suyo se hubiese retirado, se proclamó campeón del mundo. Entonces éste se acercó a felicitarle por su título mundial y le espetó:

“¿Te acuerdas de mí?”

A lo que el ídolo de su adolescencia le respondió atónito:

“No, ¿por qué?”

-“Pues porque un día cuando era joven me acerqué a saludarte y me dijiste que probase suerte con otro deporte. Entonces me prometí a mi mismo que un día sería mejor que tú. Y te doy las gracias por motivarme a creer que podía serlo“.

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*Algunos datos han sido modificados por respeto a ambos deportistas y al entrenador que me contó esta historia, pero os aseguro que es verdadera ya que he podido comprobar algunos de estos datos.

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