Los Juegos Olímpicos de la esperanza y de la solidaridad

Para un deporte como el mío, el piragüismo, los Juegos Olímpicos son su máxima expresión competitiva. Los mejores deportistas del mundo se juntan una vez cada cuatro años para luchar por sus sueños mientras el resto del mundo se emociona observando sus esfuerzos y sus hazañas.

Justamente hace dos días, cuando faltaban exactamente 4 meses para la inauguración de los Juegos Olímpico de Tokio 2020, el Comité Organizador y el Comité Olímpico Internacional decidieron aplazar el evento multideportivo más importante del mundo hasta el año 2021.

 El día anterior el presidente del COI, Thomas Bach, había anunciado que se planteaban posponerlos y que tomarían la decisión en un plazo de 4 semanas. Sin embargo, la decisión no se podía demorar más. Numerosas federaciones nacionales e internacionales, así como deportistas y ciudadanos de todo el mundo, reclamaban un aplazamiento, y los mandatarios no podían mantener por un minuto más el discurso de continuar con la agenda tal cual había sido programada y seguir mirando hacía otro lado.

Se trata de los primeros Juegos Olímpicos que se retrasan en la historia. Anteriormente se habían suspendido únicamente en tiempos de guerras mundiales las ediciones de 1916, 1940 y 1944, y curiosamente en 1940 los Juegos Olímpicos también debían haberse celebrado en la capital nipona de no ser por el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, en esta ocasión se dan dos circunstancias únicas en la historia del Olimpismo.

Por un lado, existe una crisis sanitaria de orden global sin precedentes en nuestros tiempos y como dice uno de los principios fundamentales de la carta olímpica, el objetivo del Olimpismo es poner siempre el deporte al servicio del desarrollo armónico del ser humano, con el fin de favorecer el establecimiento de una sociedad pacífica y comprometida con el mantenimiento de la dignidad humana. En estos momentos el movimiento olímpico debía mover ficha a favor de toda la humanidad y enviar un mensaje claro de que la salud y la seguridad deben estar por encima de todo.

Por otro lado, previo a este anuncio de aplazamiento, muchos comenzaban a definir estos Juegos Olímpicos como los “Juegos de la desigualdad”, puesto que las condiciones de preparación olímpica para muchos países no estaban siendo las óptimas debido a las políticas de confinamiento general adoptadas por algunos gobiernos, mientras que para otros la situación aún no había llegado a ser tan complicada, o simplemente enfocaban el contexto de los deportistas desde otra perspectiva permitiéndoles ciertas excepciones. Por estos motivos y como muestra de solidaridad con todos los deportistas del mundo que soñaban con dar su mejor versión en los JJ.OO. de Tokio 2020, los dirigentes debían estar a la altura y posponer el evento.

Simplemente con entrar en las redes sociales de nuestros deportistas podemos observar las condiciones en las que se estaban preparando mientras se perdía la esencia de su deporte. Los piragüistas sin salir al agua. Los nadadores sin piscina. Los atletas sin pisar la pista. Los judokas sin compañero. Los ciclistas sin carretera ni velódromo. Los escaladores sin pared. Los surfistas sin olas. Mirases donde mirases los deportistas se preparaban entre la ansiedad de no saber qué es lo que ocurriría con su sueño olímpico y la frustración de ver a algunos de sus rivales de otros países entrenar con normalidad o al menos con restricciones viables para su práctica deportiva.

Ahora ya conocemos que al menos nuestros deportistas podrán tomarse un respiro y sus entrenadores podrán volver a sus pizarras y contar las semanas que faltan para los Juegos Olímpicos. Sin embargo, también nos tocará enfrentarnos todavía a múltiples incógnitas mientras bailamos entre el optimismo y el desaliento. ¿Cuándo saldremos de esta maldita crisis?, ¿qué ocurrirá con las becas de los deportistas si no hay competiciones?, ¿qué harán los deportistas que pensaban retirarse o cuya edad podría no ser tan adecuada como en 2020? ¿qué harán aquellas deportistas que quizás planeaban ser madres en el año posolímpico o aquellos que lo habían pospuesto todo para después de los JJ.OO.? ¿Cómo podemos preparar unos Juegos en 2021 cuando una planificación de 4 años se ve destrozada en su recta final?

Al menos tenemos la suerte de que los Juegos Olímpicos se celebrarán en Japón, puesto que no son muchos los países que podrían afrontar las millonarias perdidas que tendrá este aplazamiento.

De igual manera, opino que hubiese sido una grandísima pena que el país del sol naciente no pudiera brillar con todo su esplendor debido a esta grave pandemia que asuela al mundo entero. Desde 2018 he tenido la oportunidad de visitar este país en 3 ocasiones con motivo de los preparativos de nuestro equipo y he de decir que su nivel de hospitalidad y de compromiso para organizar estos JJ.OO. es digno de la mayor de las admiraciones.

Este aplazamiento nos permite ahora como ciudadanos centrarnos en lo más importante, que es ayudar a la sociedad a salir de esta crisis sanitaria, y como profesionales del deporte nos permite tomarnos un pequeño respiro para comenzar a rediseñar nuestro camino a los JJ.OO. de Tokio con más de un año de antelación, y si cabe, con más ilusión y ambición que nunca.

Es el momento de reponernos, de aprender de esta crisis y de salir reforzados para que el año que viene todos podamos disfrutar del mayor espectáculo del mundo. Los Juegos Olímpicos de la esperanza y de la solidaridad.

Momento en el que Maialen Chourraut gana el oro olímpico en Rio 2016.
Foto del Comité Olímpico Español.