Fallar para mejorar.

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Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de medicina en 1906, decía  que lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo. 

Cuando justificamos un error, significa que no estamos aceptando nuestra responsabilidad acerca de lo ocurrido, y por lo tanto, no estamos predispuestos para aprender de dicho error.

Si cometemos un error, siempre que sea pequeño y reversible (obviamente no es lo mismo saltar al agua desde 3m y caer de pecho que caer de igual manera desde 35m), deberíamos reflexionar y extraer conclusiones objetivas para que la próxima vez no volvamos a fallar.  Y si volvemos a fallar, probablemente nos encontremos más cerca de la solución. Ese es el proceso de ensayo-error. Probar, fallar, mejorar.

Cada error que cometemos nos da información de aquello que no funciona y nos coloca cada vez más cerca de nuestro objetivo.

Cada intento adquiere un mayor valor. Es así como sofisticamos nuestra toma de decisión, y en última instancia damos con la clave.

Steve Jobs, el creador de Apple, decía que, a veces, cuando se innova, se cometen errores. Es mejor admitirlos rápidamente, y seguir adelante con la mejora de tus otras innovaciones.

Ensayar, fallar, aceptarlo, volver a intentarlo. Es ahí donde radica el aprendizaje, la innovación y la mejora.

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