La fuerza de la manada.

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Phil Jackson, el legendario entrenador de baloncesto, decía de Michael Jordan que durante sus 6 primeras temporadas en la NBA fue con diferencia el mejor jugador, pero, sin embargo, no logró ganar ningún título. En su libro Canastas sagradas Jackson contaba que “un gran jugador por sí solo puede triunfar hasta cierto punto pero si su uno-contra-uno no está sincronizado con todos los demás, el equipo nunca alcanzará la armonía necesaria para ganar un campeonato”.

Por mucho talento que tenga un deportista, si no cuenta con un equipo unido, coordinado y en armonía, difícilmente podrá mostrar todo su potencial.

Según cuenta Steven Pressfield en el libro “La batalla de Termopilas“, la fuerza de los espartanos no provenía de lo afiladas que estaban sus lanzas sino de la importancia que tenían sus escudos. De hecho, se les perdonaba si perdían la coraza o el casco, pero si perdían el escudo, junto a él también perdían sus derechos como ciudadanos de Esparta. Estos guerreros tenían un lema que decía: “vuelve con el escudo o encima de él”.
El motivo era que cada uno llevaba su coraza y su casco para su propia protección, mientras que el escudo servía para proteger a los demás. 

La fuerza del espartano residía en su batallón.

La fuerza del lobo es la manada.

La fuerza del jugador es su equipo.

A solas podemos ser excelentes. En equipo, podremos ser los mejores.

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