Camino a Rio (¡literalmente!)

Hoy he comenzado por fin un viaje que llevo preparando durante mucho tiempo. Me encuentro sentado en un cómodo, rápido y silencioso tren de la Deutschen Bahn dirección al aeropuerto de Frankfurt.

Siempre me ha gustado viajar en tren. Recuerdo como mi abuelo, cuando era pequeño, me solía tomar el pelo cantando en euskera: “autobusa bai! trena ez!”, que significa “autobus, ¡no!; tren, ¡sí!, y yo indignado solía responderle con el mismo tono de la canción pero más irritado: “autobusa ez! trena bai! (autobus, ¡no!; tren ¡sí!).

Desde mi asiento puedo observar lo verde que es esta parte de Nordrhein Westfalen -no me extraña con la que está cayendo ahora mismo. Parece Escocia-.

Decía que disfruto viajando en tren, pero más aún cuando sé que de esta forma estoy a salvo de conducir por este país donde parece que todos los conductores llevasen como pasajeras a mujeres a punto de dar a luz. Sólo les falta sacar un pañuelito blanco por la ventana y pisar más a fondo el acelerador.

De vez en cuando, mis ojos avistan un canal y me imagino paleando con mi piragua surcando esas tranquilas aguas. El sistema de canales de esta zona me resulta increíble. En general, los sistemas de canales de Holanda, Bélgica y Alemania son una maravilla para cualquiera que disfrute del piragüismo como actividad de ocio. Alguna vez he tenido la oportunidad de palear en alguno de ellos y os aseguro que es una sensación inolvidable.

El tren para durante 5 minutos en Duisburg. Ciudad a la que tengo cierto cariño, y no por su belleza arquitectónica precisamente, sino porque en ella se encuentra el famoso campo de regatas de Duisburg. Durante estos cinco minutos he podido observar la variedad de gente que habita esta zona, o al menos, la variedad de gente que deambula por la estación de tren. Con cierta discreción me fijo en los peinados de color rosa, morado o azul de algunos jóvenes viandantes (y no tan jóvenes), y si esto fuera poco, sus peinados parecen haber sido cortados con espada láser por algún peluquero de mal pulso. La medalla de oro se la lleva un tipo remangado y con los brazos tatuados que parece estar bebiéndose una botella de cerveza de trago y sin respirar. Me encanta Alemania.

La siguiente estación es Düsseldorf Hbf. Se sube un backpacker (o mochilero, depende de la denominación) y a duras penas consigue colocar su mochila en la balda dedicada para tales enseres. Le debe pesar unos 200 kilos (ecuación mental realizada basándome en su corpulencia y el carácter del esfuerzo de dicha actividad) y pienso: “bendito el mamón aquél que inventó las ruedas para las maletas”. Será que me estoy haciendo mayor.

Próxima parada, Colonia. Desde mi ventana veo colgada desde una ventana una bandera portuguesa. Seguramente lleva ahí desde que Portugal ganó la Eurocopa o incluso desde el comienzo del campeonato. Seguimos. Veo casas adosadas con sus pequeños jardines y alguna que otra barbacoa que hoy seguro no será encendida.

Saco el móvil y enchufo los auriculares que me compré hace unos días. Son unos Sennheiser y el paquete prometía tener buena calidad de sonido. Busco algún disco de mi iTunes que vaya bien con este momento y me decanto por el doble disco de Billy Bragg & Wilco. La primera canción que suena es “way over Yonder in the minor key” y pienso para mis adentros que este viaje ha comenzado bastante bien.

A mi lado alguien se ha dejado la revista de la Deutschen Bahn llamada Mobil DB y en su portada aparece una pareja de deportistas olímpicos. Parece ser que el especial del mes trata acerca de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro. Comienzo a leer la revista (más que leer quería decir ojear, ya que mi alemán aún es muy escaso) y me fijo en los deportistas que aparecen en ella. Los primeros en salir son el Ruder-Achter, también conocidos como el Deutschland-Achter, que son el “ocho” de remo olímpico alemán y campeones en Londres 2012. Me llama la atención que no aparezca ningún piragüista dada la gran tradición por este deporte en Alemania.

En breve llegaré al aeropuerto de Frankfurt donde cogeré un vuelo a Porto. De ahí saldrá el vuelo que, si todo va bien, me llevará a ese destino por el que he trabajado tan duramente durante los últimos meses.

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